Backyard Ultra World Championship 2022

Fuerza, capacidad de sufrimiento, ánimo, paciencia, concentración, energía, fortaleza, resistencia, vigor. Todas estas virtudes son señas de identidad de cualquiera que se ponga en una línea de salida de una Backyard, una carrera diferente en la que sabes cuando empiezas, pero no cuando acabas.

A pesar de ser virtudes que todos los corredores poseen, no son, ni muchísimo menos, propiedad exclusiva de los mismos, todos los seres humanos tenemos esas cualidades y unos las usan para correr y otros las usan para vivir, independientemente de si eres corredor, futbolista, tenista o simplemente un niño.

Esos valores están metidos en la condición humana y cualquiera que realmente se lo proponga nos puede enseñar cómo el ser humano no tiene límites.

Para vueltasalacabeza la carrera empezó mucho antes del 15 de octubre. En un segundo sorteo nos tocó la posibilidad de organizar la carrera y en ese mismo momento nos pusimos manos a la obra. Todos los que han organizado alguna Backyard Ultra saben que esto es realmente una carrera de ultradistancia porque hay muchas cosas que tener en cuenta y que preparar. Han sido meses de mucho trabajo, llamadas, mensajes, correos, reuniones y más reuniones para tratar que los corredores se sintieran lo mejor posible.

El proceso de selección era aparentemente sencillo, los ganadores de las cinco carreras organizadas en España y los que más vueltas hubieran hecho. Sin embargo, no todos los corredores estaban en disposición de poder acudir el fin de semana de la carrera por lo que la lista iba corriendo hacia abajo hasta que por fin pudimos tener a los 15 corredores confirmados. Lo más importante, el equipo, ya estaba hecho.

El primero en llegar fue Oriol Antolí que desde el jueves ya se iba familiarizando con el pueblo y con el circuito. El día 14 de octubre viernes, prácticamente todo el equipo estaba ya en el pueblo de La Parra preparado y concentrado para dar lo máximo de sus posibilidades. Era el momento de empezar a hacer equipo y el capitán se encargó de ello con una cena para todos dentro del pabellón, lugar en el que pasarían las próximas horas y días. Aunque algunos se conocían ya, fueron momentos muy especiales en los que los lazos entre los integrantes del equipo comenzaron a crearse. Después de la cena, todos al albergue a dormir, los que pudieran, y a descansar para llegar de la mejor manera a la gran cita.

Por la mañana, desayuno en el Suti, uno de los bares del pueblo, en el que se afianzaron esos lazos. Los nervios empezaban a estar presentes y aunque no compitieran entre ellos todos eran conscientes de que estaban en un Campeonato Mundial, de una modalidad poco conocida quizás, pero Campeonato Mundial al fin y al cabo.

Si los corredores estaban ya preparados, mucho más preparado estaba el pueblo. Durante toda esa semana, los niños del colegio habían estado organizándolo todo para decorar el pabellón y realizando carteles de ánimo a nuestros corredores que colocarían en varios puntos estratégicos del circuito para que los corredores estuvieran siempre acompañados y apoyados.

El ambiente que se respiraba en el pueblo durante la semana era especial. Después de la primera edición de la Backyard Ultra La Parra que se celebró en marzo, sus habitantes ya conocían el formato y todos estaban ansiosos de que la carrera comenzara para dar su apoyo a los corredores. Y el pueblo no falló, en el pabellón, en las calles, en los bares, todo el mundo estaba pendiente de lo que estaba pasando por sus calles y los esforzados atletas disfrutaron con la animación en cada esquina.

Así transcurrieron las primeras horas hasta que la primera noche cayó sobre el pueblo extremeño. A primeras horas de la mañana, en la vuelta 17 (casi 114 kilómetros), el equipo perdió su primer integrante por problemas estomacales. El que a la postre sería el ganador de la carrera Oriol Antolí también atravesó algunos problemas que le tuvieron vomitando durante un rato, afortunadamente, para él y para todo el equipo, consiguió reponerse y continuar en carrera.

No queremos dar nombres ni destacar las vueltas de unos o de otros, ya fuimos haciendo esa labor durante todo el fin de semana informando en cada momento de lo que iba sucediendo. Lo que realmente queremos destacar es esa unión que se dio entre los quince corredores cada uno venido de un punto diferente de la península, pero todos con el objetivo común de dar una vuelta más…cada vuelta. La propia Irene Guembe, única mujer del equipo, lo expresaba perfectamente en un post una vez terminada la prueba: “Formé equipo con 14 personas increíbles, de las cuales me llevo sobre todo; muchísimo aprendizaje, risas, compañerismo y amistad!”

De esa manera, entre el apoyo del público y el compañerismo instaurado entre los corredores llegamos a la segunda noche. Los efectivos españoles fueron cayendo y con las primeras luces del lunes vimos como ya solamente nos quedaban cuatro valientes. Oriol, Dani, Iván y Félix. Ellos vivieron uno de los momentos más emotivos e inesperados de toda la carrera cuando todos los niños del colegio de La Parra salieron de clase en el momento que pasaban por el mismo para ofrecerles un merecido aplauso. La cara de sorpresa y de agradecimiento de los cuatro corredores lo decía todo. Esos momentos fueron la prueba palpable de esa unión que comentábamos previamente. Fue un momento mágico que estamos seguros que ninguno de los cuatro podrán olvidar fácilmente.

Desde aquí, de nuevo un sincero agradecimiento para todos los que en algún momento dejaron la comodidad de sus casas para salir a aplaudir, animar, gritar y llevar en volandas a nuestros representantes. Para nosotros como organizadores y en especial para Fernando, capitán, organizador de todo esto y natural de La Parra, fue el momento más extraordinario del fin de semana. El momento en que los últimos corredores más lo necesitaban, allí estaban los habitantes de La Parra para darles la energía que a ellos ya les faltaba hacía algunas vueltas.

Gracias a esa inyección de energías, llegamos a la vuelta 43 en la que Iván ya no pudo más. En la 45 se retiraba Félix que dejaba que los dos más fuertes se jugaran la victoria. Oriol y Dani, Dani y Oriol consiguieron llegar hasta la vuelta 50 juntos. Al finalizar la vuelta, Dani decidió que ya había tenido bastante y dejó la última vuelta del equipo a Oriol.

Oriol Antolí había venido a La Parra a ganar, pero no por él. A muchos kilómetros de la prueba, Nil de 4 años, hijo de su mejor amigo veía cómo al finalizar la vuelta 51, después de 372 kilómetros, Oriol desplegaba una pancarta para él: Força Nil.

Los kilómetros recorridos por Oriol y por los otros catorce miembros del equipo nacional no eran nada comparados con la carrera que Nil afronta desde que con tres añitos le diagnosticaron leucemia. Esa fuerza, capacidad de sufrimiento, ánimo, paciencia, concentración, energía, fortaleza, resistencia, vigor de los que hablábamos al principio son las armas con las que Nil lucha contra su enfermedad cada día. Oriol ofreció todo su esfuerzo y sacrificio para Nil y desde aquí nos sumamos a esos ánimos y estamos seguros que todos los miembros del equipo se unirán a este aplauso.

Así que, gracias Nil por enseñarnos el verdadero significado de la palabra “lucha” y solo te pedimos una cosa: una vuelta más.

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